Un 9 de enero de 2003, el vuelo 222 de la aerolínea TANS Perú se estrelló durante su aproximación al aeropuerto de Chachapoyas, en la región Amazonas, dejando 46 personas fallecidas, entre pasajeros y tripulación.
La aeronave, un Fokker F28-1000 Fellowship, cubría la ruta Lima–Chiclayo–Chachapoyas. Tras despegar de Chiclayo, el avión inició el descenso hacia su destino final en una zona de geografía accidentada y bajo condiciones de baja visibilidad.
Durante la maniobra de aproximación, la aeronave descendió por debajo de la altitud mínima establecida e impactó contra la ladera del cerro Golorque, a varios kilómetros del terminal aéreo. Debido a las dificultades de acceso, los restos del avión fueron ubicados dos días después. No hubo sobrevivientes.
La investigación oficial determinó que el accidente fue un vuelo controlado contra el terreno (CFIT), causado por el incumplimiento de los procedimientos de aproximación, una deficiente comunicación entre los pilotos y excesiva confianza durante una fase crítica del vuelo. Asimismo, se concluyó que el aeropuerto de Chachapoyas no contaba con un sistema de medición de distancia (DME), lo que limitó la precisión de la información de navegación disponible para los pilotos.
A más de dos décadas del accidente, el vuelo 222 de TANS Perú permanece registrado como uno de los siniestros aéreos más trágicos del país y como un antecedente clave en materia de seguridad aérea.
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